La clave residía en el inusado tratamiento que el pintor que en 1808 dejó constancia del horror de la muerte le dio, sin duda, de manera intencionada. En ese dibujo amable, Goya no hacía sino mirarse hacia sí mismo. ¿Qué veía Goya en esta pequeña obra de arte que conserva con especial mimo el Museo del Prado? La respuesta es obvia: se veía a sí mismo. Por eso, en la esquina superior derecha, Goya inscribió una máxima inspirada por Miguel Ángel : “ Aún aprendo”.
Hace algo más de un año, el Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente de Segovia retomaba esa misma cita y bajo el título: “Aún Aprendo. Últimas obras de Tiziano a Tàpies” ponía frente a los espectadores una brillante colección de obras de autores realizadas cuando estos ya habían cumplido los ochenta años.
Obras tardías, obras
incluso
póstumas, |